8/06/2006

Los éxitos de los años 40

En el inicio de los 40 el cine vive un momento de gran creatividad y éxito, acentuándose la variedad de géneros que ya se había visto en la década anterior.
De nuevo destaca la producción de comedias, y será en esta década cuando se realicen algunos de los mejores trabajos del género. António Lopes Ribeiro realiza em 1941 El padre tirano y su hermano Francisco Lopes Ribeiro (1911-1984), también actor, El patio de las cantigas. Dos años después es el momento de Arthur Duarte (1895-1982), que había trabajado en los estudios alemanes de la UFA, al adaptar para el cine la obra “O Costa do Castelo”. Hay que decir, que muchas de las producciones de la época eran adaptaciones de obras de teatro ya representadas y, por lo tanto, conocidas y aplaudidas por el público. Así pasaría con dos clásicos de la comedia portuguesa: La vecina de al lado (1945), de Lopes Ribero, y El león de la Estrella (1947), de Arthur Duarte.

Dos películas más, de principios de los 40, se sitúan entre los clásicos del cine portugués. Se trata de Aniki-Bobó, primer largometraje de Manoel de Oliveira y Ala arriba, una realización de Leitão de Barros ambientada en el seno de la comunidad pescadora de Póvoa de Varzim.
Aniki-Bobó, primer largometraje de Manoel de Oliveira, producido por António Lopes Ribeiro, tenía la particularidad de tener como protagonistas a niños de la zona de la ribera de Oporto, que vivían el mundo de los adultos como un juego (el título está sacado de una cantinela que se usaba en el juego de “policías y ladrones” para elegir a los componentes de cada equipo), en el que el miedo era el principal enemigo. El público no acudió a ver esta película diferente (para algunos exponente del cine neo-realista), que curiosamente obtendría veinte años después, el Diploma de Honor del II Encuentro de Cine para la Juventud de Cannes, en 1961. Anteriormente, al poco tiempo de su finalización, Ala arriba, había sido premiada, siendo la primera película portuguesa que recibía un premio internacional, en este caso la Copa Volpi de la Bienal de Venecia de 1942. Una década después de haber filmado las costumbres y los dramas de Nazaré, Leitão de Barros volvía al universo de la vida de los pescadores, si bien ahora en Póvoa de Varzim, escenario de una historia de amor, marcada por la rivalidad entre castas.

Los años 40 en Portugal, como ya quedó dicho, fueron de lo más variado por lo que a producción cinematográfica se refiere. Surgió un tipo de película que hacía apología de los modos de vida más simples, incluso de la pobreza. Títulos como Un hombre hecho y derecho, de Jorge Brum do Canto, Ave migratoria y Sierra Brava, ambas de Armando Miranda, o Tres días sin Dios, esta última firmada por la actriz Bárbara Virginia, que reproducía en la pantalla, sin gran originalidad, un Portugal de costumbres sobrias, donde los cambios experimentados en Europa y en mundo en general tras la II Guerra Mundial poco o nada se dejaban notar.
En 1947 se estrena Capas Negras, rodada casi íntegramente en Coimbra por Armando de Miranda, actor y director en constante actividad. Un año después se estrena Fado –historia de un canto-, firmado por Perdigão Queiroga (1916-1980). Ambas películas permanecieron durante varios meses en cartel, gracias también a la música inspirada de los compositores Federico Valério, Federico de Freitas o Raúl Ferrão, nombres de teatro que llevaron de nuevo su conocimiento a un cine formalmente poco innovador pero eficaz para captar al público.




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